Migas

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migasEsta receta no sorprenderá nada a los almerienses que siguen el blog, pero para los forasteros que no lo sepan,  las migas de Almería se hacen con harina de sémola y no con migas de pan. Pues eso, que hoy ha amanecido con amenaza de lluvia y, como manda la tradición, me he despertado con antojo de migas. Al final me he decidido por acompañarlas con morcillica, pimientos, tomates… Todo muy almeriense menos la granada, que se suele usar más en la ciudad del mismo nombre pero que va muy bien para aligerar un poco este plato. Así lo he hecho yo, pero podéis acompañar las migas con gazpachuelo, uvas de mesa, fritada con asadura, choto al ajillo, sardinas a la plancha… Lo que más os apetezca, es lo divertido de la migas.

Por cierto, la foto podría haber salido mejor, pero con todo el mundo sentado a la mesa me temo que si me hubiera dado la vena gastrofotoartística hubiera habido peligro de alzamiento.

Ingredientes

Dos vasos de harina de sémola
5 vasos de agua
Dos choricicos en bolas (de esos chicos, no me refiero a un banquero desnudo)
Un trozo de unos 100 gramos de tocino salado
2 morcillicas (yo he usado una picante con almendras de Serón que era una gozada)
una cabeza de ajos
4 tomates RAF
2 pimientos de freír
Unas aceitunicas
Una granada
2 cebolletas
100 gramos de saltones

Preparación

Cortamos el chorizo y la panceta en rodajas de alrededor de 1 cm. La morcilla en 4 trozos por tripa.

En una sartén grande, echamos medio vaso de aceite de oliva y sofreimos el chorizo, la panceta, los dientes de ajo y la morcilla unos minutos. La morcilla vuelta y vuelta en un rincón de la sartén con cuidado de que no se rompa. Retiramos la morcilla y reservamos.

Añadimos una cucharada sopera de harina de sémola, removemos y dejamos que se tueste un poco.

Echamos el agua caliente, salamos y llevamos a ebullición

Añadimos el resto de la harina removiendo constantemente.

Ahora viene lo bueno, ya que debemos seguir removiendo constantemente hasta que las migas estén hechas, lo que puede ser fácilmente una hora. Esto cansa un montón, por lo que conviene tener un compañero para turnarse meneando el perol. Eso sí, no desesperéis, porque cuando estéis a punto de poneros a llorar, tirar el engrudo a la basura y pedir una pizza es cuando irán cogiendo forma. Como dice el refrán: “Las migas de pan a las dos vueltas ya están; las del pastor cuantas más vueltas mejor”.

Mientras se van haciendo las migas, aprovecháis para cortar los tomates y aliñarlos con aceite y sal,  freír los pimientos, pelar la granada, freir los saltones… Y ponerlo todo como veis en la foto y que cada cual se vaya sirviendo como más le guste.

Es evidente que este plato es auténticamente Gordipán… Pero en una audaz y temeraria maniobra hemos acabado la comida sirviendo de postre unos trocicos de calabaza y boniato confitados que me ha traído una amiga de su pueblo. Espero que mis padres puedan despertar del coma de la siesta.

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